Sameena Ali

Cómo fuimos armando el estudio, año por año

  1. 2016 Palermo, Buenos Aires

    El primer encargo pagado

    Un monoambiente de 38 m² en Palermo que la dueña quería alquilar amoblado. Trabajamos con el plano del consorcio y una cinta métrica prestada. La decisión que marcó el rumbo fue simple: dejar el ventanal libre y correr el placard a la pared del pasillo. El departamento se alquiló en dos semanas y todavía recibimos consultas de ese edificio.

  2. 2018 Villa Crespo

    Los primeros muebles a medida

    Empezamos a trabajar con un carpintero de Villa Crespo que cortaba en su taller de la calle Warnes. Ahí aprendimos a elegir placas según el uso: melamina para el interior de los placares, quebracho para las superficies que se tocan todos los días. La mesa de comedor de un cliente sigue en pie después de seis mudanzas.

  3. 2020 Remoto, desde casa

    Moodboards a distancia

    Con las visitas suspendidas, armamos un método que quedó: el cliente manda fotos con medidas y una referencia de luz por ambiente, nosotros devolvemos un moodboard con muestras de telas y pinturas escaneadas. No reemplaza la visita, pero ordena la conversación antes de gastar en materiales equivocados.

  4. 2022 San Telmo

    El local de cerámicas

    Un encargo que nos sacó de la vivienda: una tienda-taller de cerámicas en San Telmo, con vitrina a la calle y piezas frágiles que había que exhibir sin que se cayeran. Resolvimos con estantes de pino y un entrepiso liviano para el depósito. Fue el primer proyecto donde la iluminación cálida dejó de ser un detalle y se volvió parte del diseño.

  5. 2024 Estudio propio

    Un lugar para las muestras

    Abrimos un espacio chico donde guardamos fichas de materiales, retazos de tela y probetas de pintura que ya pasaron por obra. Sirve para que el cliente toque antes de decidir y para no repetir errores: la pintura lavable que aguantó dos años en una cocina con chicos, por ejemplo, se convirtió en recomendación fija.

Si estás por reacomodar tu casa o abrir un local, contanos en qué etapa estás. Escribinos con fotos y medidas y vemos por dónde empezar.

De una visita en Villa Crespo a un estudio con método propio

  1. El primer encargo y la manía de medir todo

    Un dos ambientes en Villa Crespo con un pasillo que se comía la luz. Ahí quedó claro que sin planos y medidas propias no se puede proponer nada serio. Desde entonces cada proyecto arranca con cinta métrica, fotos y una lectura de la orientación del sol.

  2. Dejar de elegir por gusto y empezar a elegir por uso

    Los primeros moodboards eran lindos y poco prácticos. Con los años aprendimos a priorizar telas que aguantan el sofá de todos los días, pinturas lavables en pasillos y maderas que envejecen bien. La estética llegó después, y llegó mejor.

  3. Sumar oficinas y locales al trabajo de vivienda

    Un estudio jurídico chico y una tienda de cerámicas en San Telmo nos obligaron a pensar circulación, depósito y luz de trabajo. Fue el momento en que el mobiliario a medida dejó de ser un extra y se volvió parte del método.

  4. Presupuesto por etapas como decisión de estudio

    Comprar todo junto casi nunca sale bien. Dividir la obra en etapas permitió instalar primero lo estructural y dejar textiles, iluminación y detalles para una segunda vuelta, sin frenar el uso del espacio.

Hoy el estudio sigue en Buenos Aires, con la misma idea: ambientes que se sientan habitados, no de catálogo.

Para quién trabajamos

Viviendas que necesitan reorganizarse sin mudanza, oficinas pequeñas que reciben gente y quieren verse cuidadas, y locales comerciales donde cada metro tiene que rendir. En los tres casos partimos de planos y medidas reales, no de una idea abstracta de "buen gusto".

Si estás reacomodando tu casa o abriendo un local, escribinos con fotos y medidas: con eso ya podemos decirte por dónde empezar.